viernes, 23 de enero de 2026

La distancia de los golpes a la cara: el detalle que marca la diferencia

 

David Vallejo & J.M. Morales

En las artes marciales, golpear fuerte no es suficiente. Golpear a la distancia correcta es lo que realmente separa la técnica eficaz del movimiento vacío. Cuando hablamos de golpes a la cara —ya sea en karate, boxeo, kickboxing o artes tradicionales— la distancia se convierte en un factor decisivo tanto para la efectividad como para la seguridad.

¿Qué entendemos por distancia?

La distancia no es solo el espacio físico entre dos personas, sino el punto exacto en el que el golpe desarrolla su máxima eficacia. Un golpe lanzado demasiado lejos pierde potencia; uno lanzado demasiado cerca se bloquea o se convierte en empuje. En japonés, este concepto se conoce como maai, la relación dinámica entre espacio, tiempo y oportunidad.

Golpear la cara: precisión antes que fuerza

La cara es un objetivo pequeño, móvil y altamente protegido por reflejos. Para alcanzarla correctamente, el golpe debe:

  • Llegar con el recorrido justo

  • Mantener la estructura corporal alineada

  • Conectar en el punto final del movimiento, no antes ni después

Un error común en practicantes novatos es “estirar” el brazo buscando llegar, rompiendo la postura y quedando expuestos a contraataques. La distancia correcta permite que el golpe fluya natural, sin tensión innecesaria.

El impacto del entrenamiento en la distancia

Trabajar la distancia no se logra solo golpeando el saco. Es necesario:

  • Practicar kihon con conciencia espacial

  • Ajustar la distancia en kumite o combate controlado

  • Entrenar con compañeros de diferentes estaturas y estilos

El cuerpo aprende a reconocer, casi de forma instintiva, cuándo un golpe puede llegar limpio a la cara. Esa sensibilidad solo se desarrolla con práctica constante y atención al detalle.

Seguridad y control

En el dojo, controlar la distancia es también una muestra de respeto. Un golpe bien medido puede detenerse a milímetros del rostro sin perder intención ni forma. Esto demuestra dominio técnico y madurez marcial, valores fundamentales del budo.

Conclusión

La distancia en los golpes a la cara no es un concepto abstracto: es una habilidad entrenable que define la calidad del practicante. Entenderla y dominarla mejora la eficacia, la seguridad y la comprensión profunda del arte marcial.

En Budokan Sevilla, recordar que la técnica empieza donde termina la distancia correcta es una lección que vale tanto dentro como fuera del tatami.


domingo, 18 de enero de 2026

CUANDO EL TATAMI RECUERDA

Esa noche el dojo estaba en silencio, pero no era un silencio vacío. Era un silencio con peso y textura, como la seda vieja de un cinturón negro. Un silencio que no era ausencia, sino memoria contenida. Las paredes de madera clara, marcadas aquí y allá por el roce de un pie en giro o la sombra de una mano en kime, parecían contener más historias de las que su grano podía contar. El aire, quieto, era denso. No solo olía a algodón y sudor limpio, a esfuerzo honrado; olía a madera de pino calentada por lámparas, a polvo de tiza de los diagramas borrados, y a ese aroma indefinible a tierra y paja que despide un tatami viejo cuando, en la profundidad de la noche, exhala todo lo que ha absorbido.

El maestro apagó la última luz del pasillo, pero dejó que la claridad lila de la farola de la calle se filtrara por el alto ventanal, pintando rectángulos fantasmas sobre las esteras. Se quedó inmóvil en el umbral. Su mirada, cansada y a la vez lúcida, recorrió el espacio vacío. No vio solo cuadrados de paja trenzada. Vió el mapa de una vida. Aquel desgaste más profundo junto a la columna era donde generaciones de alumnos habían practicado su gedan barai. Aquella mancha tenue, casi imperceptible, cerca de la entrada, guardaba la memoria del sudor de un niño nervioso el primer día. El tatami no era un suelo; era un pergamino.

La frase escuchada por la tarde resonaba aún, con el eco metálico de una verdad incómoda: “Disfruta mientras puedas… un día solo serás un recuerdo, en el mejor de los casos.” Le había molestado, no por cruel, sino por su precisión quirúrgica. Era un recordatorio de la economía brutal del tiempo: todos, al final, somos reducidos a una anécdota, a una sensación en el pecho de alguien, si tenemos suerte.

Con un suspiro que era más rendición que cansancio, se arrodilló en seiza. Los huesos protestaron con un crujido familiar, pero el movimiento era fluido, ancestral. El cuerpo conocía este camino hacia la quietud, incluso cuando la mente se rebelaba, queriendo escapar hacia la lista de tareas pendientes, las facturas por pagar, el ruido del mundo. Frente a él, el dojo estaba desierto. Y sin embargo, se sintió observado. No por fantasmas, sino por presencias. La fila de alumnos que la vida se fue llevando: el chico prometedor que se mudó por un trabajo, la adolescente que cambió el karate por la universidad, el hombre mayor cuyo corazón dijo "basta". Recordó al niño que llegó tartamudeando y se fue, diez años después, con la mirada firme y la espalda recta, convertido en un hombre que sabía quién era. Y a la mujer, con canas en las sienes, que regresó una tarde de otoño. “Sensei”, le dijo, las manos temblorosas, “he intentado encontrar ese centro en otras partes. Pero no podía respirar igual desde que dejé este lugar.”

En el reloj de pared, un viejo compañero de batallas, el segundero avanzaba con una crueldad tranquila, imperturbable. Cada tic era un grano de arena que caía, un instante que se volvía pasado. El maestro cerró los ojos y respiró profundamente, buscando su hara, su centro. Luego miró sus manos. Ya no eran las manos jóvenes y veloces que podían atrapar una muñeca al vuelo. Eran manos surcadas de venas, con nudillos algo hinchados, la piel más fina. Pero eran las mismas manos que habían ajustado una posición con firmeza, que habían tocado un hombro para trasmitir calma, que habían limpiado, discretamente, una lágrima de frustración o de orgullo después de un examen. Manos que, sin testigos ni aplausos, habían sostenido el peso de la derrota de otro y la habían convertido en un escalón. Manos que habían construido algo. ¿Pero qué?

¿Qué queda cuando uno se va? ¿Qué perdura?, se preguntó, y la pregunta resonó en el silenzo del dojo.

No los trofeos, que acumulan polvo en una vitrina. No las fotografías, donde las sonrisas se van desvaneciendo junto con el color del papel. Ni siquiera el nombre de la escuela, pintado con esmero en la fachada, que un día será una referencia en un documento olvidado. Lo que queda —si queda algo— es otra cosa. Más sutil. Más poderosa.

Su memoria viajó, sin esfuerzo, hasta un miércoles lluvioso de hacía años. Un niño pequeño, con un cinturón blanco que le quedaba enorme, se había quedado después de la clase. “Sensei”, murmuró, sin levantar la vista del tatami. “Hoy, cuando el chico grande me empujó en el patio… no he tenido miedo. Me acordé de respirar como aquí.” No había ejecutado un kata perfecto. No había ganado un combate. Había librado una batalla invisible y había salido victorioso. Había salido del tatami un poco más dueño de su territorio interior.

Y ahí, en ese recuerdo sencillo, el maestro entendió algo que ningún manual de técnicas o filosofía enseña con claridad. Entendió que las mayores victorias no tienen podio. No se exhiben. Son silenciosas. Son semillas que se plantan en el suelo fértil del respeto y la disciplina, y que germinan en la vida cotidiana, lejos de aquí. Esa fuerza que el niño encontró, esa paz que la mujer buscaba, eso era lo que quedaba. Eran victorias que no se ven, pero se quedan. Se incorporan. Se convierten en parte de la estructura de una persona.

El recuerdo no es un monumento de mármol, frío y distante. Es una huella. Como la que deja un pie descalzo y cálido sobre la paja del tatami: se borra al levantarse, pero la estera guarda la impresión, la calidez, la presión justa de ese paso. Y las huellas no se hacen gritando ni presumiendo; se hacen caminando. Día tras día. Paso a paso. Con la disciplina que es una forma de amor, y con el cariño que es una forma de respeto. Con presencia auténtica en cada instante, en cada corrección, en cada saludo.

Una calma profunda, anclada en la certeza, lo inundó. Se levantó con la elegancia pausada de quien ha hecho la paz con la gravedad. Hizo una reverencia profunda y lenta al tatami, al dojo, a la historia que contenían. Una sonrisa apenas perceptible, más en los ojos que en los labios, le cruzó el rostro. Era la sonrisa de quien acepta una verdad dura, pero bella, sin dramatizarla.

Disfrutar no era, entonces, gastar el tiempo en frivolidad. Era honrarlo. Era estar tan plenamente en cada momento —en el dolor del esfuerzo, en la quietud después, en la frustración y en el pequeño triunfo— que ese instante quedara saturado de significado, listo para convertirse en una huella digna.

Antes de salir, se deslizó el teléfono del bolsillo y lo dejó sobre el banco de madera, cerca de la entrada. Un gesto pequeño, pero simbólico. Como si, por esta noche, no necesitara pruebas, ni conexiones, ni distracciones. Como si lo único real fuera lo que había vivido y lo que había ayudado a vivir dentro de esas paredes.

Cerró la puerta con el chirrido familiar, y la cerradura giró con un clic definitivo. Echó a andar por la calle fría. La noche de enero tenía esa claridad cortante que despeja el alma, un aire que escuece en los pulmones y despierta. Las estrellas parecían agujeros de luz en un manto oscuro.

Y mientras caminaba, su paso firme resonando en la acera vacía, tomó una decisión sencilla, casi trivial, y por eso misma, revolucionaria. Al día siguiente, cuando sonara el timbre y entrara el primer alumno —fuera el niño inquieto, la madre cansada, el hombre que busca un desafío—, él lo miraría. No con la mirada rápida del saludo protocolario, sino con una mirada de verdad. La miraría a los ojos, vería la persona, el viaje que comenzaba o continuaba. Y en ese cruce de miradas, aunque solo durara un segundo, honraría ese momento irrepetible.

Porque lo era.

Porque tal vez, al final de todo, uno no se convierte en un recuerdo por haber durado mucho tiempo.

Sino por haber estado de verdad. Por haber dejado, con una huella limpia y consciente, algo de calidez en la paja del mundo.

sábado, 17 de enero de 2026

Mente clara, técnica limpia

Mente clara, técnica limpia: La Esencia del Karate-Do

En el camino del karate, cada movimiento, cada técnica, es mucho más que una simple acción física. Es una expresión del estado interno del practicante. La famosa frase "mente clara, técnica limpia" no es solo un lema motivador; es una verdad fundamental que todo karateka experimenta tarde o temprano en su viaje marcial.

El Origen de la Técnica: La Confluencia de Mente y Cuerpo

La técnica no nace únicamente del entrenamiento muscular o la repetición mecánica. Nace de una mente enfocada, serena y consciente. El karate-do es, en esencia, un arte de auto-conocimiento donde el dojo se convierte en un laboratorio para observar cómo nuestros estados internos se manifiestan en lo físico.

Cuando tu mente está cargada:

· Dudas: Parálisis en la toma de decisiones, reacciones tardías.

· Estrés: Tensión muscular innecesaria, respiración entrecortada.

· Ego: Técnicas exageradas, desequilibrio, exposición a contraataques.

Estos estados mentales se traducen directamente en movimientos tensos, imprecisos y forzados. La técnica pierde su eficiencia y belleza, convirtiéndose en un esfuerzo contraproducente.

El Estado de Fluir: Cuando la Mente se Aquieta

El momento de transformación ocurre cuando logramos aquietar el diálogo interno. Este estado -conocido como mushin (mente sin mente) en las artes marciales japonesas- permite:

· Percepción aumentada: Ves no solo el ataque, sino la intención detrás.

· Tiempo desacelerado: Percibes el momento exacto (debana) para actuar.

· Respiración consciente: Cada exhalación se convierte en anclaje y fuente de poder.

· Ejecución económica: Sin gasto energético innecesario, sin movimientos superfluos.

Una técnica limpia es aquella que ha sido depurada de lo accesorio. Es el reflejo visible de años de:

· Disciplina: Entrenamiento constante incluso cuando no hay motivación.

· Constancia: La repetición consciente que lleva a la maestría.

· Enfoque interno: La capacidad de observarse sin juicio durante la práctica.

El Paradigma del Verdadero Poder

Aquí yace la paradoja esencial del karate avanzado: no se trata de hacer más fuerza, sino de aplicar la fuerza correcta en el momento preciso. Esto requiere:

1. Pensar menos: Reducir el análisis paralizante

2. Sentir más: Desarrollar sensibilidad kinestésica y percepción

3. Confiar en el entrenamiento: Permitir que el cuerpo responda desde la memoria muscular

El verdadero poder del karateka emerge cuando:

· La mente está en calma como la superficie de un lago en día sin viento

· El cuerpo obedece con precisión milimétrica

· La intención y la acción se fusionan en un mismo instante

Entrenamiento Dual: La Disciplina Integral

El crecimiento marcial auténtico requiere un entrenamiento dual:

Para la mente:

· Meditación (mokuso) al inicio y final de cada entrenamiento

· Visualización de técnicas antes de ejecutarlas

· Práctica de atención plena durante los kihon (ejercicios básicos)

· Estudio de los principios filosóficos del budo

Para la técnica:

· Repetición consciente, no mecánica

· Retroalimentación constante con espejos o video

· Entrenamiento con diferentes compañeros y contextos

· Descomposición y análisis de cada movimiento

El Dojo como Microcosmos

Esta relación mente-técnica trasciende el tatami. Se convierte en una metáfora para la vida:

· Cómo enfrentamos los kata es cómo enfrentamos los desafíos

· Cómo reaccionamos al kumite es cómo reaccionamos al conflicto

· Cómo perseveramos en el kihon es cómo construimos carácter

El karate-do, en su expresión más elevada, nos entrena para responder en lugar de reaccionar, para elegir conscientemente en lugar de obedecer impulsos.

Conclusión: El Camino Continúa

La próxima vez que practiques, observa:

· ¿Tu mente está presente en cada movimiento?

· ¿Tu respiración acompaña tu técnica?

· ¿Hay tensión innecesaria en tu cuerpo?

· ¿Estás ejecutando o estás fluyendo?

Recuerda que cada entrenamiento es una oportunidad para forjar no solo un cuerpo fuerte, sino una mente resiliente. La técnica perfecta es solo el reflejo visible de una mente que ha encontrado su centro.

El verdadero crecimiento en el karate -y en la vida- comienza cuando dedicamos tanto tiempo a entrenar nuestra atención como nuestros músculos, cuando comprendemos que la máxima potencia surge de la máxima calma, y cuando aceptamos que el arte marcial más profundo es, en última instancia, el arte de conocerse a uno mismo.

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PENSAR COMO CAMPEÓN: FORJA TU MENTE, FORJA TU DESTINO

Pensar como campeón no es arrogancia; es una elección consciente y una responsabilidad suprema. Es la decisión de cargar con el peso de tu propio potencial y honrarlo con acción, día tras día. Es la responsabilidad de dar lo mejor de ti, incluso cuando el estadio está vacío y el único eco es el de tu propia respiración. Cuando nadie aplaude, el aplauso debe nacer de tu convicción. Es la responsabilidad de seguir entrenando cuando la motivación —esa visita fugaz— se ha ido, y solo queda la disciplina de acero, tu verdadero cimiento. Un campeón entiende que la mente no es un espectador, es el músculo principal. Se entrena con la misma intensidad que el cuerpo: con repeticiones, con resistencia, con técnica. Cada pensamiento es un ladrillo; puede construir un fortín o una celda. Por eso, el campeón es el arquitecto de su diálogo interno. Cuida con rigor lo que piensa, porque los pensamientos moldean las creencias. Cuida lo que dice, porque las palabras forjan la realidad. Y cuida profundamente lo que cree de sí mismo, porque esa es la profecía que termina cumpliéndose. Mientras muchos navegan buscando excusas en el mar de la comodidad, el campeón bucea en las profundidades, buscando soluciones.

Mientras otros construyen muros con el miedo al fracaso, el campeón utiliza cada error como una piedra para pavimentar su camino.

Pensar como campeón se traduce en acciones silenciosas y determinadas: Es el despertador que suena antes del amanecer. Es la repetición número mil uno de un kata, cuando el cuerpo ya ha memorizado el movimiento, pero el espíritu busca la perfección. Es la corrección humilde en el espejo del dojo. Es avanzar sin necesidad de ovaciones, porque la satisfacción más profunda nace de saber que superaste a la persona que eras ayer.

En el Karate-Do, y en cualquier arte de alto rendimiento, la victoria no se consigue en el ring; se siembra en la soledad del entrenamiento. Comienza con la decisión diaria, casi sagrada, de no rendirse. Con el respeto al proceso, confiando en que cada gota de sudor es parte del camino. Con la comprensión de que el oponente más formidable nunca está al otro lado, sino dentro de tu propia mente.

No todos subirán al podio, no todos levantarán trofeos físicos. Pero absolutamente todos pueden esculpir una mentalidad invencible. Una mentalidad que perdure más que cualquier medalla, que te sostenga en cada desafío de la vida, dentro y fuera del tatami.

Entrena tu cuerpo con fervor, pero nunca, jamás, descuides el templo de tu mente. Porque al final, el combate definitivo es por el dominio de uno mismo.

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viernes, 16 de enero de 2026

Reencuentro con el Karate: Tu Historia en el Tatami

David Vallejo y José Navarro

Hay cosas que en la vida no se abandonan del todo, no se “dejan” en el sentido estricto de la palabra.

Simplemente se aparcan en un rincón del tiempo, se dejan en pausa, esperando.

Y el karate, sin duda, es una de ellas.

Un día, quizás, cerraste la puerta del dojo y te marchaste del tatami

Pero el tatami, silencioso y fiel, nunca se fue de ti.

Se quedó impregnado en tu manera de andar, en tu forma de estar, en tu modo de ver.

Todavía, sin pensarlo, alineas los pies en shizen tai, como si el suelo trazara líneas invisibles solo para ti.

Todavía observas un tsuki o un geri y, en una fracción de segundo, sabes si hubo intención, energía, verdad… o solo un gesto vacío.

Y cuando, en algún lugar, estalla un kiai claro y seco, algo se estremece dentro de ti, un eco que reconoce su origen, aunque fingas indiferencia.

El karategi ya no sale del armario con frecuencia,

pero sigue ahí, doblado con respeto, como un fragmento de tu historia.

Los cinturones, desde el blanco hasta aquel que marcó tu esfuerzo, ya no ciñen tu cintura…

pero siguen apretando en la memoria, anudando recuerdos, sudor, perseverancia.

Por eso, si alguna vez entrenaste karate y creíste haberlo dejado atrás, no lo pienses demasiado.

No debatas si estarás fuera de forma, si habrás olvidado los katas, si será igual.

Solo acércate.

Vuelve, aunque sea una vez.

Ven a recordar una clase, una sola.

Sin exigencias, sin metas, sin la presión del rendimiento.

Solo para respirar el mismo aire, escuchar las mismas órdenes, pisar el mismo suelo.

Para reconectar no con un deporte, sino contigo mismo.

Porque a veces no se trata de volver “a entrenar” como antes.

No es necesario recuperar la antigua intensidad, ni prepararse para un examen.

A veces, solo necesitas volver a sentir.

Sentir que aquello que un día fuiste, aún late dentro.

Que el dojo sigue siendo, de algún modo, tu casa.

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miércoles, 14 de enero de 2026

El Karate no tiene edad

Muchos creen que el karate es solo para jóvenes, pero el karate no se rige por el calendario, se rige por la actitud.

No importa cuántos años tengas, importa cuántas veces estés dispuesto a levantarte y volver a intentarlo. El dojo es un espacio sin juicios, donde cada persona lucha contra sus propios límites, no contra el tiempo. Aquí, el cinturón blanco de 60 años comparte el mismo respeto que el cinturón negro de 25. La verdadera jerarquía no está en los años vividos, sino en la dedicación diaria.

Cada entrenamiento es un desafío personal.

Es enfrentarte a tus miedos, a las dudas, al “ya no puedo” que a veces vive en la mente.

Y en el tatami descubres algo profundo: el límite casi nunca está en el cuerpo, sino en la cabeza.

Con los años, quizás la flexibilidad cambie, la recuperación sea más lenta, pero algo más valioso emerge: la paciencia, la inteligencia del movimiento, la comprensión profunda de los principios. El karate se adapta a ti, como tú te adaptas a él.

Con el tiempo, el cuerpo se fortalece, la mente se disciplina y el espíritu se calma.

Aprendes que avanzar despacio también es avanzar, y que la constancia vence a la edad.

No entrenas para competir con otros, entrenas para ser una mejor versión de ti mismo.

El karate adulto no es sobre hacer mil patadas altas, sino sobre equilibrio —físico y emocional—. Es sobre aprender a caer y levantarse con técnica. Es sobre respirar conscientemente antes de un kata, encontrando calma en medio del esfuerzo. Es sobre la comunidad que se forma entre personas de distintas generaciones, unidas por el mismo «oss».

El karate no es una moda ni una etapa… es un camino de vida.

Un camino que puedes comenzar a los 8, a los 40 o a los 70. Porque el karate-do (el camino de la mano vacía) es, en esencia, un viaje de autoconocimiento que no conoce fechas de caducidad. Cada etapa de la vida aporta una perspectiva única: la vitalidad juvenil, la determinación adulta, la sabiduría sosegada de los mayores. Todas encajan perfectamente en el dojo.

¿Crees que existe una edad límite para comenzar karate o todo depende de la decisión de dar el primer paso?

La barrera no está en el cuerpo, sino en la mente. El primer saludo, la primera técnica, el primer sudor… no piden un certificado de nacimiento, solo coraje para empezar. El karate te espera cuando tú estés listo.

 ¿Cuándo será tu momento?

«En el karate, nunca se es demasiado viejo para empezar, y nunca se termina de aprender.»

martes, 13 de enero de 2026

El Sokuto-ki: el arma secreta de samuráis y shinobis que no verás en el cine

Imagina a un samurái en un duelo decisivo. ¿Qué ves? Probablemente una katana reluciente, tal vez un wakizashi, o incluso un arco. Pero hay un arma, pequeña y poco conocida, que fue una de las herramientas más ingeniosas y prácticas del periodo Edo: el Sokuto-ki, también llamado Suna Teppo.

Mientras que el cine y las leyendas se centran en espadas y lanzas, en las sombras de la historia bélica japonesa se esconde este discreto pero formidable dispositivo: un lanzador de humo y polvo cegador, diseñado para desorientar, confundir y crear una ventaja inmediata en combate.

¿Qué era exactamente el Sokuto-ki?

Era un artefacto compacto, generalmente una pequeña caja de madera o metal, con una boquilla para soplar y un orificio frontal. No era un arma letal en sí mismo, sino una herramienta táctica que priorizaba la estrategia sobre la fuerza bruta.

Su funcionamiento era astuto: el usuario cargaba en la caja un polvo especial, llevaba la boquilla a la boca y, con un soplo fuerte, proyectaba una nube directamente hacia el rostro del adversario. La verdadera genialidad estaba en su diseño: una cadena y un agarre lo aseguraban al cinturón (obi), lo que permitía soltarlo tras usarlo y tener las manos libres al instante para desenvainar la espada o cualquier otra arma. No había que guardarlo, no había que buscarlo. La batalla podía continuar sin pausa.

La receta del caos: un polvo diseñado para incapacitar

La efectividad del Sokuto-ki residía en su munición. La mezcla estándar era una combinación irritante y molesta de:

· Ceniza (como base y para crear una nube densa).

· Sal finamente molida (extremadamente irritante para los ojos y mucosas).

· Pimienta roja (causante de ardor, tos y ceguera temporal).

Algunas versiones más avanzadas, según los registros, añadían pólvora de hierro, lo que podía agregar un fogonazo repentino y aturdidor al efecto, aumentando el factor sorpresa.

Una herramienta transversal: de samuráis a policías

Aunque a menudo asociamos armas "sigilosas" exclusivamente con los shinobi (ninjas), el Sokuto-ki tenía un uso mucho más amplio:

· Samuráis: Para un guerrero como Miyamoto Musashi (que, según se dice, siempre portaba el suyo), este artefacto encajaba perfectamente con su filosofía de la estrategia. Musashi escribió en El Libro de los Cinco Anillos sobre la importancia de "perturbar" al enemigo. ¿Qué mejor manera que cegándolo momentáneamente para asestar el golpe definitivo? Es muy probable que, dada su mentalidad pragmática, la haya empleado en más de un encuentro.

· Fuerzas policiales (Doshin): Durante el pacífico pero estricto periodo Edo, los oficiales que mantenían el orden podían usar el Sokuto-ki para incapacitar a un sospechoso o criminal sin necesidad de recurrir a armas mortales de inmediato, facilitando su captura.

· Shinobi (Ninjas): Para ellos, era una herramienta de escape o distracción por excelencia. Crear una cortina de humo y polvo les permitía desaparecer en segundos, cumpliendo con su máxima de evitar el combate frontal.

Un legado histórico tangible

El ejemplar que ves en la imagen (y que amablemente compartimos gracias a la fotografía de Chris Glenn) no es una réplica. Es una pieza histórica real, y sus inscripciones indican que perteneció al clan Sanada de la provincia de Shinano. Curiosamente, esta región es considerada el lugar de origen de esta ingeniosa arma. Los Sanada, famosos por su astucia y resistencia, son un portador de lujo para un artefacto que representa precisamente eso: ingenio táctico sobre poderío convencional.

En conclusión: el arma de la mente

El Sokuto-ki o Suna Teppo nos recuerda que el bushidō (el camino del guerrero) no era solo honor y destreza con la espada. Era también estrategia, psicología y aprovechar cualquier ventaja dentro del complejo arte de la guerra. Representa el lado más pragmático y menos romantizado del combate histórico japonés.

Es un testimonio silencioso de que, a veces, la victoria no la conseguía el arma más afilada, sino la idea más brillante y el recurso mejor empleado.

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Fotografía: Chris Glenn

Referencia bibliográfica: Técnicas perdidas - Libro "La Ruta del Samurai".

domingo, 11 de enero de 2026

Etiqueta en el Dojo

En japonés, la forma más común de reconocer cortésmente algo que te han dicho es wakarimasu: "Entiendo".

Sin embargo, esta es una palabra que nunca deberías usar en el dojo. Es muy probable que, si estás leyendo esto, tengas al menos cierta inclinación intelectual.

Para ti, el karate y las demás budo no son enteramente físicos. También quieres conocer su historia y filosofía. Quieres comprenderlos en un plano intelectual, además del físico.

No hay nada malo en esto. Debería fomentarse. No veo mucho futuro para quienes no tienen curiosidad por su arte o no quieren aprender más allá de lo que puedan oír decir a su maestro en el dojo.

Espera, podrías decir. Hay muchos jugadores de baloncesto profesionales que no saben nada sobre la tradición de su deporte. Hay fontaneros expertos que no podrían contarte nada sobre la historia de la fontanería. Cierto, pero el budo no es un deporte, y no es una profesión técnica. En su plenitud, es un arte.

Un artista que no comprende ni aprecia el pasado no es mucho artista.

El Problema de la Intelectualización

Existe, sin embargo, un problema grave que aflige a quienes tienen inclinaciones intelectuales, y surge cuando permiten que su curiosidad, su deseo de aprender académicamente, se desequilibre con su compromiso con el esfuerzo físico.

El karate, como todo budo, es en esencia una expresión física de la voluntad mental. Se realiza no a través del esfuerzo intelectual, sino a través de la acción. Olvidar esto, o minimizarlo, es sabotear cualquier esfuerzo por dominar el karate como arte.

La cuestión de intelectualizar frente a internalizar físicamente no es nueva ni exclusiva de nuestra época. Es un peligro reconocido desde hace mucho. En las disciplinas marciales asiáticas, tenemos un legado que nos han transmitido dos eruditos confucianos. Zhu Xi (1130–1200) describió la interacción entre el conocimiento y la acción.

Señaló que tener piernas no permite a una persona ver, ni tener ojos permite caminar. Asimismo, el conocimiento de algo es insuficiente para dominarlo.

Uno de los descendientes de Zhu Xi, Wang Yang-Ming (1472–1529), llevó esta idea más lejos. Postuló que saber y no poder actualizar ese saber en la acción es prueba de que en realidad no se sabe en absoluto. "Saber y no actuar es aún no saber", escribió Zhu.

La noción de Wang debería llevar a cierta reflexión, especialmente para los artistas marciales. Si yo sé lo que es correcto, lo que es moral, lo que es bueno, pero no actúo en consecuencia, entonces, según Wang, en realidad no lo comprendo en absoluto.

Si reducimos esto al ámbito del dojo, vemos que tener una comprensión intelectual de una patada frontal es una cosa. Ser capaz de ejecutar esa patada competentemente es, por supuesto, otra muy distinta.

"Guerreros de Palabra" vs. Estudiantes Sinceros

Si has estado en el budo durante bastante tiempo, conoces a algunos kuchi bushi, "guerreros de palabra", cuyas disertaciones y opiniones te harían pensar que son expertos de quinto dan al menos. Estos tipos son ciertamente ejemplos de aquellos que saben pero no pueden hacer.

Sin embargo, también hay aspirantes a budoka que no quieren impresionar a otros, que no están interesados en pontificar y compartir sus opiniones. Son simplemente personas que realmente quieren entender lo que están haciendo. Son sinceros. Y por eso plantean preguntas:

¿Por qué levantamos tanto la rodilla al patear?
¿Qué tan importante es el retroceso rápido (snap back)?
¿Cómo puedo hacer que una patada alta sea tan poderosa como una baja?

El problema no son las preguntas que plantean. El problema es que confunden la comprensión intelectual de los conceptos con la capacidad física para realizar esos conceptos. Desequilibran gravemente las cosas.

El estudiante que se apoya demasiado en su comprensión intelectual del karate es propenso a creer que lo ha conseguido. Sin embargo, a menos que pueda traducir esa comprensión en acción, no es así. La brecha entre saber y hacer tenderá a ampliarse a menos que aborde este problema, o a menos que un maestro esté allí para guiarlo hacia un estudio más equilibrado.

"¿Entiendes?"

"¿Entiendes?" es una pregunta que un maestro a menudo hará a un estudiante después de dar una explicación. Recuerdo haber respondido esto afirmativamente una vez. "Sí, entiendo", dije. Wakarimasu.

"Vale", dijo mi maestro. "Hazlo".

No pude. Mi mente lo sabía, pero mi cuerpo no. Después de intentarlo un par de veces, y fallando estrepitosamente, me sentí tan estúpido como nunca en el dojo. Y eso es decir mucho.

"Lo entiendes aquí arriba", me dijo mi sensei, golpeando con su dedo índice mi frente. "Aquí abajo…" — me dio un golpecito en el vientre y movió la cabeza.

Por eso, cuando surgen discusiones sobre el aprendizaje, a menudo se escucha la expresión karada de oboeru, "aprender con el cuerpo". Cuando has hecho algo —un kata o una técnica— unas cuantas veces, tendrás cierta comprensión de ello. Cuando hayas hecho pasar a tu cuerpo por ello unos cuantos miles de veces, tendrás una comprensión real.

No sé si tengo una comprensión real de algo en karate, en el sentido de la palabra que mi sensei indicaba. Todavía queda un largo camino por recorrer. Sin embargo, he aprendido que decir "Entiendo" cuando mi maestro pregunta es una mala idea.

martes, 23 de diciembre de 2025

¿Conoces las diferencias entre los cuatro estilos de karate más populares?


Aquí tienes un resumen de las principales diferencias entre los cuatro estilos más populares:

Shotokan: Fundado por Gichin Funakoshi, el "Padre del Karate Moderno", este estilo proviene del linaje Shuri-te y se centra en posturas bajas, movimientos largos y golpes potentes y lineales. El Shotokan prioriza el control y la distancia, pilares fundamentales para el desarrollo del karate en Japón. Entre sus practicantes más famosos en el cine se encuentran Jean-Claude Van Damme, quien utilizó su flexibilidad para lanzar patadas altas deslumbrantes, y Dolph Lundgren, quien comenzó a entrenar en este estilo antes de pasarse al Kyokushin de contacto completo.

Kyokushinkai: Fundado por el legendario Masutatsu Oyama, este estilo se conoce como "Karate de Contacto Completo" y se centra en la resistencia extrema y la verdadera eficacia en el combate. Oyama se hizo famoso por sus combates con toros y su riguroso entrenamiento en solitario en las montañas. Además de Dolph Lundgren, cinturón negro 4.º Dan que ha competido en torneos mundiales, otras estrellas como Michael Jai White, Sonny Chiba (quien interpreta al propio Oyama en la película) y el luchador Georges St-Pierre se encuentran entre los máximos exponentes de la brutal potencia y disciplina de este estilo.

Goju-Ryu: Creado por Chojun Miyagi, este estilo combina ataques directos "duros" (Go) con defensa circular "suave" (Ju), heredando fuertes influencias del Kung Fu chino. Se caracteriza por la respiración abdominal profunda y el combate a corta distancia. El actor Pat Morita inmortalizó el Goju-Ryu a través del personaje del Sr. Miyagi en la franquicia Karate Kid, cuyo nombre es un homenaje directo al fundador del estilo, con el maestro Fumio Demura como el verdadero maestro detrás de la coreografía.

Shito-Ryu: Fundado por Kenwa Mabuni, el Shito-Ryu es un estilo con katas (formas), ya que Mabuni buscaba unificar los aspectos Shuri-te y Naha-te de Okinawa. Se trata de un sistema altamente técnico que valora la precisión, la velocidad y la versatilidad de los golpes. La "Dama de Hierro" del cine de acción, Cynthia Rothrock, fue una de las practicantes más famosas, ostentando un título de alto nivel en este estilo y demostrando su fluidez técnica en docenas de películas de lucha a lo largo de la década de 1980.

viernes, 12 de diciembre de 2025

GLORY COLLISION 8


 GLORY COLLISION 8 is official!


COLLISION 8 takes place tomorrow night at the GelreDome in the Netherlands. In the main event, Antonio Plazibat faces Nordine Mahieddine in their trilogy bout, with a wildcard spot to the Last Heavyweight Standing Finals on the line.


Errol Zimmerman faces former Australian strongman Alex Simon in the co-main event and final wildcard eliminator, before the Finals in February.


Furthermore, COLLISION 8 features two exciting four-man tournaments in one evening, at both welterweight and light heavyweight.


GLORY COLLISION 8 Official Weigh-In and Presser
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Prepare like a GLORY Collision 8 fighter!


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GLORY COLLISION 8 will be available to watch on DAZN Pay-Per-View in the Netherlands, North America, and various countries around the world. For full global broadcast information, please visit GLORYKickboxing.com.


WATCH GLORY COLLISION 8
UFC & Kickboxing Legend Mark Hunt TRAINS Alex Simon ahead of COLLISION 8


UFC and kickboxing icon Mark Hunt is mentoring Alex Simon in his preparation for COLLISION 8. Under Hunt's intensive guidance, Simon is honing his technique, strength, and focus as he prepares for the biggest fight of his career.


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Inside COLLISION 8: Studio Day Recap


Go behind the scenes of GLORY COLLISION 8 with an exclusive studio day recap. From intense moments to fighter insights, this video gives you a closer look at what went into one of the biggest events of the year.


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martes, 23 de septiembre de 2025

Karate Do

El Karate-Do es más que un simple arte marcial; es una filosofía de vida que moldea el carácter y fortalece el espíritu. Aquí te presento algunas de sus facetas:
 
1. Disciplina y respeto: El Karate-Do inculca un profundo sentido de disciplina y respeto. Cada movimiento, cada postura, cada interacción está imbuida de cortesía y consideración hacia los demás.

2. Autoconfianza y autocontrol: A través del entrenamiento constante, se cultiva la autoconfianza. Se aprende a controlar la mente y el cuerpo, a mantener la calma bajo presión y a reaccionar con precisión y determinación.

3. Superación personal: El Karate-Do es un viaje de superación personal. Cada cinturón obtenido es un testimonio del esfuerzo, la dedicación y la perseverancia. Se aprenden los límites y se trabaja para superarlos, tanto física como mentalmente.

4. Armonía y equilibrio: Busca la armonía entre cuerpo, mente y espíritu. Los movimientos fluidos y coordinados, la respiración controlada y la concentración mental se combinan para crear una sensación de equilibrio y bienestar.

5. Defensa personal: El Karate-Do proporciona habilidades de defensa personal efectivas. Se aprende a protegerse a sí mismo y a los demás, a evitar conflictos y a usar la fuerza solo como último recurso.

6. Tradición y cultura: El Karate-Do está arraigado en una rica tradición y cultura. Se transmiten valores ancestrales de honor, lealtad y humildad. Se aprende la historia y la filosofía de este arte marcial, conectándose con generaciones de practicantes.
 
En resumen, el Karate-Do es un camino de crecimiento personal que fortalece el cuerpo, la mente y el espíritu. Es una hermosa combinación de disciplina, respeto, autoconfianza, superación, armonía y tradición.

lunes, 25 de agosto de 2025

Rutina entrenamiento Karate en casa

Cómo crear una rutina semanal de entrenamiento en casa para karate

“No hay excusas, tu dojo puede estar en tu salón.”

Muchos piensan que para progresar en karate necesitan un dojo con tatami, espejos y equipo profesional, pero la realidad es que el verdadero dojo está en tu disciplina. Entrenar desde casa es totalmente posible si tienes organización, constancia y un plan claro.

Aquí tienes una rutina semanal bien estructurada para avanzar en tu camino marcial sin salir de casa:

Lunes y jueves – Técnica (Kihon y Kata)

Dedica 15-20 minutos a calentamiento articular y movilidad.

30 minutos de kihon: repite golpes, bloqueos y patadas con atención a la postura y respiración.

15 minutos de kata: trabaja un kata básico y uno avanzado, perfeccionando cada movimiento.

Martes – Fuerza y resistencia

Circuito de 4 ejercicios: flexiones, sentadillas, planchas y abdominales (4 rondas).

Entrenamiento con banda elástica o pesas ligeras para fortalecer brazos y piernas.

10 minutos de sprints cortos o cuerda para mejorar resistencia.

Miércoles – Defensa personal y desplazamientos

15 minutos de trabajo de guardias y desplazamientos (avance, retroceso, lateral).

Practica combinaciones de defensa y contraataque frente a un saco o sombra.

Viernes – Revisión y perfeccionamiento

Graba tus movimientos para analizar errores.

15-20 minutos de repeticiones lentas (técnica con control).

Visualización mental: repasa katas y situaciones de combate en tu mente.

Sábado o domingo – Flexibilidad y recuperación

Sesión de estiramientos profundos (piernas, cadera, espalda).

Ejercicios de respiración y meditación para mejorar concentración.

Consejo extra: Establece horarios fijos y lleva un registro de tus entrenamientos. La constancia es la clave del progreso.
Respetar a todos y a las personas que no practican tu estilo y/o pertenecen o no a otra federación, es fundamental.
No se hace distinción de estilos, federaciones, organizaciones y asociaciones.
Nadie es tan perfecto para criticar a los demás.
David Vallejo (Budokan Sevilla Dojo) www.budokansevilla.com