Irezumi. Significa “insertar tinta”. Es un término de origen chino que hace referencia al tatuaje en Japón, pero que en sus orígenes se circunscribía al Tatuaje Penal. Durante el Periodo Edo se acostumbraba a tatuar a los criminales que habían cometido faltas menores como hurtos, fraude o extorsión. Si parece cruel por la estigmatización, cabe decir que antes de esa época se solía amputar nariz y orejas o sea que estaríamos hablando de una “humanización” de los castigos. A la primera falta se le solía hacer una marca en el brazo o en la frente, a la segunda vez, otra marca y así.... La tercera era opcional, o se hacía la tercera marca o directamente se ejecutaba al ofensor por incorregible. Básicamente lo que se hacía era registrar los antecedentes penales directamente en el acusado y era muy fácil de reconocer para las autoridades. Otras opciones era dibujar un kanji por líneas hasta completar el ideograma que podía significar “malo”, “inferior” o “perro” por poner algunos gráficos ejemplos. Con el tiempo los delincuentes comenzaron a llevar sus tatuajes con orgullo, incluso se adoptó la costumbre de tapar los tatuajes con otros más grandes y elaborados tal como los usa actualmente la mafia japonesa Yakuza. Si bien este castigo fue prohibido al comenzar la Restauracion Meiji, en la actualidad se ve con malos ojos a las personas japonesas tatuadas (se tiene más tolerancia con los extranjeros) e incluso hay lugares como los baños termales onsen o sentó donde la personas tatuadas pueden tener problemas para que los dejen ingresar aunque esta costumbre también poco a poco se va flexibilizando.
La Ruta del Samurai by Jorge Orpianesi
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